La Coctelera

Freakbeat

19 Septiembre 2005

Tango Progresivo

Penelope Glamour es la guitarrista en una banda under que se llama Samurai Porno (hacen una mezcla de rocabilly, funk y candombe, y le meten unos toques electrónicos remixados con una notebook i-Mac). Tocan por los bares de Pocitos que están pegados a la rambla. Penelope no está pasando un buen momento (su novio la dejó esa noche por otra minita que toca el bajo en una banda de reggae). Penelope salió de Montevideo News muy alterada. En la disco bebió mas de la cuenta y justo antes de salir se encontró con una dealer en los sanitarios. Le compró una papeleta de trescientos pesos, que equivalen a unos diez dólares estadounidenses. La dealer tenía el pelo rojo y un brazo tatuado con un dragón alado que echa fuego por la boca (la pelirroja le dijo que el contenido de la papeleta procedía de Bolivia y era la mejor calidad que se podía conseguir en Montevideo).

Penelope quería seguir de gira; quería mas música, diversión y sexo. Quería olvidarse de ese idiota que la dejó; y no era el primer tipo que la dejaba así, tirada. La guitarrista se enamoraba de cualquier idiota, todo el tiempo. No necesitó mirar su reloj de plástico Cascio para darse cuenta que era muy tarde (o muy temprano). El cielo se puso celeste y no se veía ninguna estrella, solo se veían algunas nubes violetas y otras naranjas. Penelope tuvo dificultades para llegar hasta su moto, porque además del whisky cargaba una Fender Telecaster (USA, 1971) adentro de un estuche duro. A la guitarrista le costaba mantener el equilibrio cuando caminaba alcoholizada. Penelope puso en marcha su Suzuqui de ciento venticinco centímetros cúbicos de una patada y el motor explotó con su ruido característico. La moto, que estaba bastante abollada por algunas caídas ocurridas siempre en horas de la madrugada, partió hacia un disco pub cercano a la plaza independencia, en Ciudad Vieja.

En ese pub hay fiesta hasta las diez, pensó Penelope cuando cruzaba la ciudad. El viento en la cara la hacía lagrimear (ella nunca usa casco). Llevaba la Fender colgada de la espalda y manejaba incómoda, pero estaba acostumbrada a trasladarse con su guitarra. Pensó en la papeleta que llevaba en el bolsillo de su jean. Pensó que esa noche tenía que ser una noche especial porque en una semana iba a cumplir venticuatro años. Penelope tuvo una idea que primero la alteró y después la puso ansiosa. No lo había hecho nunca antes, pero sospechó que esa madrugada se iba a animar. Quería llegar a ese pub de otra manera. Ella era una power girl y se lo iba a demostrar a todos los habitués de ese bar.

- Hoy elijo yo, pensó.

La guitarrista sonrió. Unas cuadras antes del bar, en una esquina oscura, vió una farmacia de turno y paró. Dejó la moto prendida y la Fender apoyada en la vereda. Tocó el timbre y un cuarentón medio dormido abrió la mirilla enrejada y le preguntó que necesitaba.

- Dos jeringas descartables.

Penelope Glamour partió motorizada hacia su destino bailable acelerando a fondo la Suzuqui y esquivando milagrosamente a una pareja que cruzaba la calle, por la mitad de la cuadra.

*

El motor de la Suzuqui ruge por la avenida 18 de julio. La ciudad duerme y las primeras luces del alba iluminan la Plaza Independencia y el monumental mausoleo que rememora a Artigas (el gaucho Artigas es la figura política más importante de la República Oriental del Uruguay). Penelope cruzó la Ciudad Vieja, vio los barcos y los edificios del puerto y también el color amarronado del Río de la Plata.

Ya de día Penelope llegó al "Marquee", un bar que convoca noctámbulos relacionados con la escena del rock y del teatro under. Actores, filósofos de cabaret, productores, músicos, chicas divertidas y otras especies de lumpenaje urbano beben alcohol y escuchan música funk, soul y disco en ese club. La guitarrista de Samurai Porno cortó la electricidad de la moto y volvió el silencio.

Empujó la Suzuqui hasta una columna de alumbrado publico y cuando la estaba encadenando, escuchó unas voces alteradas. Penelope vio a un travesti discutiendo a los gritos con un policía, al lado de un patrullero donde había dos agentes más. Penelope penso en las papeletas que llevaba en el bolsillo del jean y en las jeringas que tenía en el estuche de la guitarra. Pensó en descartar todo, pero se distrajo mirando al travesti: una diosa de casi un metro noventa de alto que usaba una peluca negra con reflejos rojos, larga y con rulos hasta la mitad de la espalda. Lucía radiante, maquillada como para ir a un casamiento o para entrar a un set de televisión. Arriba tenía puesto un chalequito de cuero negro, abierto, sin corpiño, con sus dos voluminosas y siliconadas tetas al aire. Abajo una bombachita de encaje negro, ligas, portaligas, medias red y zapatos de charol con tacos aguja.

La morocha estaba furiosa. Un policía intentaba calmarla, en un momento le agarró un brazo. La morocha se descontroló y respondió con un empujón. El vigilante fue a parar arriba del motor del patrullero. Entonces se bajaron los otros dos funcionarios del orden y avanzaron sobre la morocha. El travesti tuvo tiempo para escaparse, pero decidió enfrentar a los policías que se le venían al humo y se armó una gresca. Entre dos policías intentaban sujetar a la morocha, mientras que el tercero pretendía esposarla. Penelope se acordó de una película de Almodobar y sonrió.

La morocha forcejeó con las autoridades hasta que provocó que todo el grupo rodara por la vereda y así logró zafarse. El policía mas gordito del grupo intentó acercarse al travesti, pero fue sorprendido. La morocha sacó un nítido “cross” de derecha que se estrelló contra la mandíbula del suboficial. La violencia del impacto hizo que el gordo diera dos pasos hacia atrás y luego cayera al piso, como una bolsa de papas. Los otros dos policías se olvidaron del travesti (que ahora tenia la peluca en la mano y lucía peladito con una cicatriz arriba de la oreja) y asistieron a su compañero que se quejaba dolorido desde el pavimento y se agarraba la cara con las dos manos. El ahora pelado con tetas sangraba por la nariz, y miraba desafiante a los policías.

– Vigilantes, déjenme laburar ... no me jodan más!

Los dos agentes que quedaban en servicio ni la miraron, aunque la escucharon y se hicieron los distraídos. Estaban muy ocupados ayudando a su compañero a llegar hasta el móvil. El travesti se puso la peluca como un sombrero y se alejó caminando lentamente. Penelope terminó de encadenar rapido la moto, cargó la Fender y caminó hacia el bar. Sintió en la cara el aire fresco de la mañana. Las nubes se pusieron naranja fluo y sólo en los contornos se veía el violeta y el magenta. La guitarrista bajó rápidamente las escaleras hasta el subsuelo donde funcionaba el "Marquee" y entró decidida. En el bar sonaba el standard Rock´n Roll Music de Chuck Berry, en la conocidísima versión acreditada a The Beatles, pero que en realidad, es un cover cantado por John Lennon. Una bola de humo y vicio le dieron la bienvenida. Penelope Glamour volvió a la noche para divertirse.

*

El Marquee es un club oscuro, decorado con imágenes y objetos kitsch. Habitualmente en ese sótano se juntan unas cien personas entre las dos y las tres de la mañana, pero a la hora que llego Penelope los presentes eran muchos menos y disfrutaban cómodos las instalaciones del bar. Una DJ con anteojos negros de carey se ocupaba de las bandejas y ponía viejos vinilos de música Soul apenas remixados.

El rojo Bermellón es el color que predomina en las alfombras, en las paredes y en el techo de perfiles esmaltados y bovedillas de ladrillos a la vista. Los artefactos de iluminación son de tela decorada, con luces muy tenues y amarillentas que apenas iluminan las mesas. La barra esta revestida en cuero negro y tiene espejos incrustados (es siempre el lugar más animado y divertido). Hacia el fondo del local hay una pequeña pista, que se convierte en escenario cuando toca alguna banda, o cuando actúan grupos de clowns, varieté o vodevil.

Atrás de todo hay un pequeño reservado con sillones, donde la luz se hace aun más tenue y donde la gente se pone cariñosa y a veces libidinosa. En las paredes hay fotos en blanco y negro de sonrientes pin ups y drags queens, afiches de conciertos de rock (hay uno muy grande de Frank Zappa & The Mothers of Invention, live in Hamburg, November 17th 1969, con una gráfica psicodélica), afiches de cine bizarro y tapas de comic-books de los años cincuenta .

Penelope se distrajo mirando un monitor que colgaba del techo. Vió las imágenes de un video japonés, en donde un monstruo con aspecto de dinosaurio de plástico intentaba comerse a una señorita de rasgos orientales. La actriz perdió la camisa por culpa de la ferocidad del combate, sin embargo continua peleando en corpiño, sin despeinarse. Justo arriba de la pista cuelga una bola espejada que gira y provoca que miles de puntitos de luz blanca brillen y se muevan por la oscuridad del bar. En la barra hay un cilindro finito de acrílico lleno de un liquido amarillento fluorescente que burbujea y echa un espeso humo verde . Tubos de neón rojos y azules decoran la parte de atrás de la barra, donde botellas con licores de todas partes del mundo son manipuladas con habilidad por un barman negro de pelo corto y enrulado, que tiene un piercing en la nariz y un pin redondo con la cara del negro Rada prendido en la remera de algodón sin mangas, con colores rastafaris. El moreno agita la coctelera con sensualidad.

Penelope Glamour saludó al barman con una sonrisa y fue hasta el guardarropa donde dejo su campera de jean y su Fender Telecaster. Luego se acercó a la barra y pidió un cuba libre sin hielo. La guitarrista ahora mira el bar desde la barra sin reconocer a nadie. En realidad todos le resultan conocidos y extraños al mismo tiempo. Penelope esta familiarizada con el ambiente bohemio de los bares de Ciudad Vieja. Ella está ansiosa pero aun no está decidida a inyectarse la coca. Nunca antes lo había hecho. Hacía casi un año que la aspiraba, desde que empezó a tocar con los Samurai Porno o desde que empezó a salir con ese idiota que se la hizo probar por primera vez; desde que se fue definitivamente de la casa de sus padres a vivir en una pensión en Pocitos. Su ex novio no solo le hizo probar la pala, también le hizo probar el sexo grupal, el rythm and blues, el ácido, el be-bop, el rock´a billy y una variedad de cocktails con Vodka y Ron. Penelope se mira los brazos y los ve demasiado sanos como para pincharlos; siente una sensación extraña, tal vez un poco de miedo. Pero al mismo tiempo la idea de inyectarse la excita.

La DJ baila y sigue poniendo Soul y Funk acelerado. En el Marquee suena una vieja versión de Sex Machine, que arenga a todos los presentes a bailar. El cuba libre le dio un poco de asco, pero no lo dejó. Un tipo pasó muy cerca y le rozó el culo. La guitarrista lo miró y el tipo le mostró la lengua, sonrió y siguió caminado. El tipo usa el pelo platinado cortito, parado y desmechado. Penelope bebió demasiado, esta mareada y su cabeza va a mil, piensa que le gustaría tener sexo con algún tipo de ese bar. Se tomó de un sorbo el resto del trago y vio que el tipo del arito la estaba mirando y le sonreía. Penelope le sonrió sin saber bien porque. El rubio platinado bebía y hablaba animadamente con otro tipo en la punta de la barra.

*

Penelope Glamour pensó en pedirle al barman otro cuba libre pero se arrepintió. Le pidió una cucharita de té. El negro que agita la coctelera del Marquee se la dio sin preguntarle nada. La barra estaba despoblada y la fiesta agoniza en ese antro bailable del casco histórico de Montevideo. El rubio del pelo platinado pasó otra vez por al lado de la guitarrista y volvió a rozarla intencionalmente (la mano del tipo esta vez rozó la cintura de la guitarrista).

- Qué querés pendejo? le dijo Penelope y lo miro a los ojos.
- No te enojes linda... tenés fuego?
- No fumo, tengo ganas de divertirme.

El rubio la miró lascivamente y le mostro los dientes haciendo una mueca que intento ser una sonrisa.

- Querés tomar algo? dijo el tipo mientras le miraba las tetas.

La DeeJay puso un vinilo de Santana; una versión de Black Magic Woman que cambió la onda del bar (se puso latino).

- No quiero tomar nada, vos querés ir a pasear en mi moto?

El rubio platinado quedó descolocado.

- Ahora?
- Si, ahora... no te gustan los paseos de madrugada?
- Prefiero el sexo de madrugada, replicó el tipo y se sentó al lado de Penelope.
- Querés ir a pasear conmigo... si o no?
- Y donde iríamos?
- Primero vamos a la rambla a mirar el río, después vemos...

El rubio platinado se tomó unos segundos para estudiar detenidamente la fisonomía de la guitarrista. Penelope usa el pelo corto negro azulado. Es chiquita, trigueña, tiene buen lomo y un look criolla-punk. Esta maquillada y tiene puesto un pantalón de jean negro gastado y bastante apretado y una camisa blanca transparente que insinúa un corpiño negro. En el cuello tiene un pañuelo de seda rojo con listones blancos (usa un pin de Patty Smith en la solapa de la campera y en una oreja tenia cuatro o cinco aritos).

- Ok, vamos a pasear en moto.
- Esperame un toque, que ya vuelvo.

Penelope fue hasta el baño, bajo la tapa del inodoro y se sentó. Se quitó el cordón de una de sus zapatillas Nike y se lo ató fuerte arriba del codo de su brazo izquierdo ayudándose con sus dientes. Sacó la papeleta de la cartera y puso la mitad de su contenido en la cuchara. Uso el agua que chorreaba por los azulejos desde el botón del inodoro para cargar la cucharita y uso un fósforo que estaba en el piso para mezclar. Rompió el pack de plástico de la jeringa descartable y la cargó. Penelope se sorprendió de su decisión; no sabía bien porque, pero estaba segura. Tardó menos de diez segundos en aplicarse el fix. Se desató el cordón y sintió un sudor frio en la nuca que la estremeció. Tiró la jeringa y la papeleta con el resto de la merca al tacho de los papeles y se miró en el espejo, se arreglo el pelo y salió del baño. Penelope se sintió como Travolta en Pulp Fiction y se dirigió a la barra con una onda super-power. En el Marquee se escuchaba la guitarra de Santana.

- Oye como va... mi ritmo...

Penelope Glamour cruzó el bar eufórica y llegó hasta la barra donde la esperaba el rubio platinado.

- Vamos? - el rubio asintió con la cabeza y ambos se dirigieron hacia la puerta.

La guitarrista de Samurai Porno sintió en el pecho los chorros de sangre que su corazón bombeaba con fuerza a ritmo acelerado (salió del bar concentrada en su taquicardia, olvidándose que su Fender Stratocaster estaba en el guardarropa del Marquee). El sol de la mañana de Montevideo sorprendió a la pareja trasnochada caminado por una calle empedrada. Penelope desencadenó la Suzuki de ciento cincuenta centímetros cúbicos y la puso en marcha de una sola patada. El rubio se subió atrás y se agarró de su cintura. Penelope dirigió la Suzuki hacia la rambla. A esa hora la ciudad estaba desierta y por sus calles de suaves pendientes no circulaban autos.

El Río de la Plata apareció brillante por detrás del mercado del puerto (vieron un ferry de Buquebus entrar a la dársena). En segundos los dockes que construyeron los ingleses y las viejas grúas móviles y giratorias quedaron atrás. La moto aceleró a fondo por la avenida que bordea la rambla violando las luces rojas de los semáforos.

En Montevideo el horizonte del Río es amplio y curvo (el horizonte es algo así como la otra orilla del Río). Primero el Parque Rodó y luego Pocitos y sus playas, luego el Yatch Club y Punta Carretas quedaron en el espejo retrovisor la moto. Mientras piloteaba Penelope experimentó una extraña sensación de libertad. Aceleró a fondo hasta que la Suzuqui no pudo andar mas rápido. El rubio platinado sentió miedo y se apretó contra el cuerpo de la joven guitarrista. Penelope en una maniobra brusca y arriesgada dejó de circular por el pavimento y se subió a la vereda. Ahora la moto circulaba por la rambla a mas de cien kilómetros por hora esquivando en zig zag los cestos basureros y las columnas de alumbrado.

- Pará... por favor, gritó el rubio con desesperación y se apretó con mas fuerza contra la humanidad de Penelope, que se excitó con ese abrazo y volvió a la calzada esquivando por centímetros a un auto estacionado. Penelope soltó una de sus manos del manubrio y buscó la entrepierna del rubio. No solo notó que su pene no estaba duro: una tibia y abundante humedad le informó que su acompañante se había orinado encima.

- Pará... te lo suplico - le dijo al oído entre sollozos.

Penelope disfrutaba su poder (ahora el rubio era suyo). Hubiera preferido llevar un pasajero más valiente y atrevido; un pasajero que se hubiera animado a desprenderle el cinturón, a explorarla y hasta a hacerle el amor arriba de su moto. Pero no; llevaba a bordo un cagón platinado.

- Los tipos son todos unos cagones - pensó.

Metió un rebaje de quinta a cuarta velocidad y dobló una curva cerrada inclinando la moto casi hasta rozar su rodilla contra el pavimento. Salió de la curva acelerando y cantando una de sus canciones favoritas:

- I am he as you are he as you are me and we are all together / See how they run like pigs from a gun/see how they fly / I'm crying / Sitting on a cornflake / Waiting for the van to come / Corporation T-shirt, stupid bloody Tuesday / Man you've been a naughty boy / you let your face grow long / I am the eggman / they are the eggmen / I am the walrus / Goo goo g' joob...

A lo lejos, entre las nubes, vio el viejo hotel de Carrasco. La Suzuki brillaba en la rambla de Carrasco y se proyectaba velozmente en el espacio bordeando el Río de la Plata. Penelope y el rubio platinado viajan a mas de cien kilómetros por hora. La guitarrista disfruta sádicamente de su aterrorizado y sumiso pasajero. Penelope piensa en su ex-novio (el idiota que la abandonó por una bajista de una banda de reagge) y acelera más. Esa situación la excita de una manera extraña. Muchas sensaciones y pensamientos al mismo tiempo, muchos cubalibres, mucha locura. Siente el calor del cuerpo del rubio. La guitarrista no esta concentrada en el manejo de la moto (ni siquiera mira para adelante). Penelope mira un avión blanco que acaba de despegar del Aeropuerto Internacional de Carrasco. Un Boeing 737 con el logo de Aerolineas Argentinas provoca un estruendo que espanta las gaviotas de la playa y tapa el ruido del motor de la Suzuki. Penelope mira como el avión se aleja cortando el cielo transparente y levemente rosado del amanecer uruguayo. Escucha primero una bocina y luego una frenada demasiado cerca. Después un ruido fuerte, como de huesos rotos y no se acuerda nada más.

- … un camión contratado por la Dirección de Medio Ambiente y Ecología del Muy Ilustre Municipio de Montevideo, destinado a la recolección de residuos en el área urbana, que venía circulando por la Rambla desde Carrasco hacia Pocitos, embistió a una moto en la que viajaban dos jóvenes que recibieron heridas de distinta consideración y que actualmente se encuentran internados en una sala de cuidados intensivos del Hospital de Clínicas … (fragmento de la locución del periodista Washington Diaz , transmitida por la señal de la emisora Oriental FM 101.5 en el resumen de noticias de la hora ocho).

*

La sala de terapia intensiva está en silencio y a media luz. Los pacientes que permanecen internados en ese sector del hospital están conectados a distintos aparatos que monitorean sus funciones vitales y son alimentados por sondas (algunos utilizan respiradores que les bombean oxigeno). En el fondo de la sala una enfermera aburrida juega al tetris en su teléfono celular. Dos médicos vestidos con conjuntos de camisa y pantalón color verde agua conversan en voz baja al lado de la camilla donde reposa una joven que tiene la cabeza vendada (ambos usan zapatos blancos y el estetoscopio colgado del cuello).

Uno de los médicos tiene un reloj pulsera Rolex de acero inoxidable, que marca las tres y veinte. La sala tiene instalado un poderoso equipo de aire acondicionado que mantiene la temperatura en 21 grados centígrados. Una ventana cuadrada con carpinterías de aluminio pintadas con esmalte sintético amarillo permite ver la noche estrellada y las siluetas negras de algunos edificios.

Nota del Autor: Esta entrada está dedicada a la memoria de Nicolino Locche , abanderado del deporte argentino.

servido por la_psicologa 6 comentarios compártelo

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Marina

Marina dijo

se salvó penelope?

19 Septiembre 2005 | 10:43 PM

j.

j. dijo

Voto por entradas más cortas y menos repetición.

Pero a mí nadie me escucha.

:P

20 Septiembre 2005 | 01:58 AM

juan

juan dijo

che, esto ya lo leí en otro blog que vos recomendás y también escribís. ¿En crisis?, posteá cosas que no sean tuyas.

20 Septiembre 2005 | 03:03 AM

yuyo

yuyo dijo

En la foto, el del bandoneón es Astor Piazzolla y el de la guitarra Malvicino?

Muy buena la historia!

20 Septiembre 2005 | 02:22 PM

Sep

Sep dijo

3 am, cigarrillos y cerveza, tres fechas para tocar y la presion de si esta vez, por fin tendremos suerte y aparezca un productor con mas dinero que buenas intenciones...
y justo encuentro este relato buscando en la red informacion sobre telecasters...
Sicologa te llamas...? me abriste la cabeza por un rato,soy lector de pendejo y leo rapido, sencillamente no pude parar de leer.
Lo haces bien,aunque siempre,todo, sea mejorable.
el mensaje es sencillo. gracias por transportarme en la aventura de este relato.
sep

13 Octubre 2005 | 08:12 AM

fejks

fejks dijo

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22 Enero 2006 | 04:38 PM

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